Durante años, el mercado trató al software como una categoría casi homogénea: crecimiento recurrente, márgenes altos, escalabilidad y poca necesidad de capital físico.
Ese régimen está terminando.
La IA está haciendo algo más importante que hundir el software en bloque: obligando al mercado a distinguir entre software con ventaja competitiva real y software que parecía sólido mientras el capital era abundante.
Ese matiz importa. Porque cuando esa duda deja de quedarse en bolsa y llega al crédito, el problema pasa de ser sólo sectorial a ser una cuestión de balance, refinanciación y coste del capital.
Y ahí es donde esta historia entra de lleno en SOM.
1. El mercado y la compra de “software” en abstracto
La IA generativa ha introducido una pregunta mucho más exigente que la del ciclo anterior:
qué parte del software mantiene poder de fijación de precios;
qué parte tiene datos realmente propietarios;
qué parte está integrada en procesos difíciles de sustituir;
y qué parte vivía, sobre todo, de una narrativa de crecimiento y múltiplos.
Donde la respuesta es fuerte, el mercado resiste mejor.
Donde es débil, empieza el repricing.
Eso significa que el mercado ha dejado de aceptar la comodidad de tratar el sofware como un bloque uniforme.

2. Cuando la duda sale del equity y llega al crédito
Aquí está el verdadero cambio de régimen.
Una caída bursátil en software puede parecer una simple corrección de múltiplos. Pero cuando la misma duda llega a:
préstamos apalancados,
CLOs,
BDCs,
private credit,
descuentos sobre NAV,
y capacidad de sindicación,
la historia ya va de financiación.
Conviene recordar, de forma simple, qué significan estas piezas:
CLO (Collateralized Loan Obligation): vehículo respaldado por una cartera de préstamos corporativos, dividido en tramos de riesgo.
BDC (Business Development Company): sociedad cotizada que financia o invierte en empresas medianas.
NAV (Net Asset Value): valor liquidativo; valor de los activos netos del vehículo.
SPV (Special Purpose Vehicle): vehículo de propósito especial creado para aislar o financiar una operación concreta.
Cuando el mercado empieza a exigir más prima a estos vehículos o a los activos que contienen, el mensaje es claro: el riesgo percibido del software es una cuestión de calidad crediticia y de valoración bursátil.

3. Selección brutal, no apocalipsis sectorial
La lectura actual es: selección brutal del capital.
El mercado empieza a separar entre:
Más castigado
SaaS horizontal y más commodity.
Modelos fáciles de replicar con IA generativa.
Software apoyado en datos públicos o poco diferenciados.
Compañías con alto apalancamiento y refinanciación delicada.
Más defendible
Software vertical con integración profunda.
Sectores regulados o de misión crítica.
Modelos con datos propietarios difíciles de reproducir.
Negocios con ventaja competitiva real y mayor capacidad de trasladar costes.
Esto importa porque el mercado pregunta quién crece, y también:
quién refinancia mejor,
quién sostiene márgenes,
quién necesita menos capital externo,
y quién puede defender su deuda cuando el múltiplo deja de sostener el relato.

4. No es un rincón menor del sistema
Software no es un detalle marginal del crédito. A cierre de 2025 representaba aproximadamente el 13% del índice Morningstar LSTA de leveraged loans, con un volumen cercano a 194.500 millones de dólares. Además, el mercado de software llegó a ser uno de los bloques más importantes de nuevas financiaciones en los años de capital abundante. Cuando el crédito del software se reprecia, no hablamos de un episodio aislado. Hablamos de una pieza relevante de la fontanería financiera.
El mercado ya ha empezado a mandar señales:
los préstamos sindicados de software cayeron de 94,71 a 91,27 centavos por dólar entre finales de 2025 y comienzos de 2026;
la cuota de nuevas emisiones apalancadas ligadas a software cayó hacia niveles próximos al 8%;
mientras tanto, sectores más defensivos, como sanidad, ganaron peso en originación.
La conclusión es simple: el capital está rotando desde software más commodity hacia negocios percibidos como más defendibles.

5. Private credit: donde la tensión se vuelve más seria
Aquí el tema se vuelve más delicado.
Una parte muy relevante del direct lending está expuesta a software, y el mercado ha empezado a cuestionar si todo ese riesgo estaba correctamente valorado. Lo importante ahora es que el private credit ya no puede vender el software como una categoría uniformemente segura. Y que suben las dudas sobre defaults.
Cuando los flujos se frenan, las valoraciones se examinan con más dureza y los vehículos semilíquidos introducen restricciones o límites de reembolso, el mensaje cambia: la tensión deja de ser una historia bursátil y pasa a ser una historia de estructura financiera.
Es un cambio claro: el crédito privado está entrando en una fase de mayor discriminación, menor complacencia y mayor exigencia de ventaja competitiva real.

6. El mismo sistema debe absorber el pasado y financiar el futuro
Aquí empieza la parte más importante de esta pieza.
Los mismos bancos, CLO managers, fondos de private credit y vehículos de balance que hoy están absorbiendo dudas sobre software legacy son los que, al mismo tiempo, tienen que ayudar a financiar:
data centers,
chips,
energía,
redes,
refrigeración,
campus tecnológicos,
y SPVs ligados a infraestructura IA.
Ese cruce es una de las zonas más sensibles del sistema.
Porque el mismo mecanismo de financiación que tiene que digerir activos del ciclo anterior es el que debe sostener el ciclo más intensivo en CAPEX de la historia tecnológica reciente.
Dicho de otra forma:
la IA crea una inmensa demanda de capital y, al mismo tiempo, endurece el filtro con el que ese capital se asigna.

7. El problema ya no es solo si la IA funciona
Aquí conviene ser muy preciso.
La IA transformará procesos, productividad o sectores. La gran duda del mercado es otra: si la monetización llegará al ritmo que hoy exigen las valoraciones y el CAPEX comprometido.
El capex agregado de las grandes tecnológicas para infraestructura IA puede superar los 500.000 millones de dólares en 2026. Esa cifra obliga a mirar la historia con otra lente: retorno esperado, coste de la energía, coste del capital, duración del proyecto y capacidad real de monetización. Los temores recientes sobre OpenAI y la reacción del mercado en nombres muy ligados a su ecosistema muestran justamente eso: la pregunta es tecnológica, es financiera y es de balance.
Cuando el ecosistema se apoya en expectativas de ingresos futuras, acuerdos de financiación gigantes y una infraestructura física muy intensiva en energía, el riesgo deja de ser “la tecnología no sirve”.
El riesgo pasa a ser otro:
retorno más lento,
capital más caro,
spreads más amplios,
y creciente discriminación entre modelos sostenibles y modelos dependientes de financiación abundante.
8. El siguiente paso de la serie SOM
Y esto importa aún más porque el mismo sistema de crédito que hoy está repreciando el software legacy será llamado a financiar la siguiente ola de CAPEX físico: data centers, chips, energía, redes y vehículos de propósito especial. La IA está separando ganadores y perdedores en software y puede estar encareciendo el capital con el que se construye su propia infraestructura. Ese será el siguiente paso natural de esta serie.
9. La lectura patrimonial correcta
Se trata de dejar de tratar el software como una categoría cómoda y homogénea.
En esta fase conviene mirar:
ventaja competitiva real;
dependencia de financiación externa;
calendario de refinanciación;
sensibilidad a tipos y spreads;
necesidad de CAPEX adicional;
y exposición indirecta del sistema financiero a esos riesgos.
A la pregunta de quién ganará con la IA hay que añadirle:
quién puede financiar esa transición sin romper su balance.
Cierre
La IA no está destruyendo el software.
Está reescribiendo algo más profundo:
el precio del crédito, el coste del capital y la forma en que el mercado distingue entre negocio defendible y negocio financiado por inercia.
Cuando esa distinción llega al crédito, la historia pasa a ser plenamente financiera.
— SOM | Sobre el (Nuevo) Orden Monetario
Glosario mínimo
CLO: cartera de préstamos empaquetada en tramos de riesgo.
BDC: sociedad cotizada que financia empresas medianas.
NAV: valor liquidativo del vehículo.
SPV: vehículo creado para aislar o estructurar una operación concreta.
Disclaimer
Contenido exclusivamente educativo e informativo. No constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.